El conflicto como una oportunidad


Nueva publicación de la Serie "Jóvenes construyendo nuestro tiempo"

El conflicto como una oportunidad
En búsqueda del otro como el encuentro con uno mismo


El conflicto es una problemática que es transversal en los diversos espacios sociales en los que nos encontramos. Por ello en una primera parte César Guzmán Barrón, especialista en conflictos, nos brinda algunas luces sobre cómo abordar este problema en la cotidianidad. En un segunda parte, presentamos los testimonios de: Irene Chamilco, quien nos habla sobre la Pedagogía del cuidado y de su experiencia de acompañamiento a jóvenes en El Agustino y a dos ex voluntarios del programa Voluntariado Universitario para el desarrollo del Instituto Bartolomé de Las Casas quienes nos cuentan sus experiencias en el programa.

Serie: Jóvenes construyendo nuestro tiempo N° 38 
Roberto Angüis y Rosa Castro Aguilar (editores) 
1ra edición, Lima diciembre 2011, 82 páginas.
Costo: S/. 10


Percepciones Juveniles: Una mirada a la Encuesta nacional de la juventud

Nueva publicación de la Serie "Jóvenes construyendo nuestro tiempo"


Percepciones juveniles: Una mirada a la Encuesta nacional de la juventud


La percepción del ser joven en el Perú, cómo miran los jóvenes peruanos el presente y futuro de su país, y lo usos que éstos le dan al Internet, son temáticas que han sido abordadas por la encuesta nacional de juventud realizada el 2011 por el INEI y la Secretaría Nacional de Juventud. Por ello en la presente publicación, jóvenes analizan y reflexionan los resultados de esta encuesta.
 
Serie: Jóvenes construyendo nuestro tiempo N° 38
Roberto Angüis y Rosa Castro Aguilar (editores)
1ra edición, Lima diciembre 2011, 56 páginas.
Costo: S/.12

Obsolescencia generacional y socialización horizontal (1/2)


Hemos venido sosteniendo que los patrones, modelos y formas de actuar que la sociedad promueve en los jóvenes a través de sus instituciones socializadoras principales (la familia, la escuela, la iglesia y los medios, en especial las telenovelas), no coinciden con el mundo real que los jóvenes tienen que enfrentar a diario. Los jóvenes palpan la brecha entre lo que se pretende enseñar en estas instituciones y la realidad .

Tradicionalmente se habló de brecha generacional entre los valores de la generación surgida en los años cuarenta y cincuenta y aquellos valores que aportaron los jóvenes de los años sesenta. En estos tiempos estamos frente a un fenómeno diferente, no se trata de una brecha, de una distancia sino de su futilidad, es decir que aquello que se socializa en las instituciones no se puede poner en práctica y evidencia un desfase entre los cambios en la forma de vida actual con lo que oficialmente se promueve.

La diversa de tipos de familias, el trabajo precario e informal, la cultura del salvase quien pueda , la ciudadanía de segunda categoría y las tecnologías de la información y comunicación, generan todo el tiempo en el joven una disonancia cognitiva entre los valores y prácticas que la sociedad promueve y lo que tienen que enfrentar.

Bono poblacional, crisis económica y cultura del consumo

La juventud ha tomado importancia en Latinoamérica básicamente por la confluencia de dos procesos: el bono demográfico juvenil y la crisis económica. En los países del hemisferio norte, la explosión demográfica juvenil desarrollada en los años 60 coincidió con un periodo de expansión económica y una tendencia mundial hacia el cambio social, que generó que la juventud canalizara sus demandas por esa tendencia.


Imagen extraída del blog "alterglobalización"
 
En Latinoamérica el bono demográfico juvenil iniciado en los mediados de los noventa se desarrolla en un contexto económico diferente. Se evidenció una incapacidad estructural del estado y una falta de previsión de los gobiernos para dar cuenta de las demandas juveniles por viviendas, empleos dignos y una educación de calidad, etc. El escenario actual avanza a contracorriente, hay un deterioro progresivo de la educación pública, la precarización del empleo se ha constituido en una política del estado, y las familias jóvenes son las que engrosan las cifras de las pobreza extrema.

Los gobiernos de Latinoamérica y en especial el peruano, han fracasado en generar políticas públicas a favor de las juventudes. Ni los lineamientos de políticas de juventudes desarrollado por el Promudeh o los lineamientos nacionales de juventud desarrollados participativamente por el CONAJU del gobierno de Toledo, son usados como herramientas para la gestión pública y la asignación de presupuestas. La escasa voluntad política ha sido crónica al momento de orientar el Estado a favor de las problemáticas juveniles.

Además existen muy pocos programas sociales que aborden la condición juvenil, y los programas que benefician a jóvenes como parte de un paquete dirigido a la población en general, no consideran la situación juvenil y los problemas que los circundan, prolongándose indefinidamente su situación de exclusión.

La existencia de un mayor número de jóvenes viene generando una lucha por el acceso a recursos. En un escenario de carencia y de falta de oportunidades, sin programas sociales compensatorios, los jóvenes pugnan entre sí para la satisfacción de sus necesidades materiales, simbólicas, culturales e identitarias, que, como se ha visto en otras sociedades, suelen generar altos grados de conflicto, y procesos de deterioro social. Éstos en ocasiones derivan en anonimia generalizada, no respetan las normas sociales de convivencia, debilitan la ética, y frecuentemente producen una cultura de la trasgresión destruyendo la convivencia social entre los grupos de jóvenes, entre éstos y los vecinos y generando más dificultades para establecer procesos concertados y dialogantes.
Al mismo tiempo que los jóvenes tienen serias dificultades para insertarse en la sociedad y transitar hacia la adultez con la plenitud de derechos, el mercado presenta a la juventud como el arquetipo al cual aspirar, de modo que el consumo se orienta a parecer joven, actuar como joven y perpetuar la juventud como la panacea del desarrollo humano, cuando las dificultades para ejercer sus derechos son diametralmente diferentes. Asimismo, el mercado a diferencia de décadas pasadas, especialmente en estos tiempos en que la industria ya no se orienta a los bienes estandarizados y masivos sino personalizados. La juventud se enfrenta a una fuerte presión por el consumo y la diferenciación a través de los signos exteriores: vestidos, prácticas de consumo, espacios de consumo, en otras palabras hay una diversidad de estilos de vida que los presiona hacia la satisfacción de las necesidades materiales y no las de su desarrollo integral. Prueba de ello es que en toda la programación masiva y por cable es difícil encontrar programas dirigidos a los adolescentes o a jóvenes donde se aborden sus preocupaciones, problemáticas y conflictos, entre pares, con la familia o la escuela. Si sumamos a esto la escasez de oferta estatal de atención a los jóvenes, tenemos que hay una fuerte presión por el materialismo que convive con las preguntas a veces desesperanzadoras de los jóvenes respecto a su futuro y su presente.

Sin embargo, el consumo viene constituyéndose también en una forma de inserción del joven en el mundo adulto, debido a que éste organiza la cotidianidad y le da sostenibilidad. Pero el consumo para los jóvenes es también la vinculación con la mundialización de la cultura a través de Internet, conformándose comunidades de consumidores transfronteras, que cada vez con más frecuencia dan el paso de ser comunidades de consumo a comunidades de resignificación, glocalización y acción social como las culturas juveniles de rock, de grafiteros, góticos, etc.

Fragmento extraído de: Los nuevos sujetos de la globalización: Sandro Macassi.

Moratoria social como experiencia de exclusión

El período de preparación y estudio que los jóvenes experimentan para su inserción en el mundo adulto, era denominado por los sociólogos clásicos como periódo de “moratoria social”. Esta etapa, que no estaba presente en contextos culturales no industriales, se caracterizaba por poner al joven bajo la tutela de las principales instituciones socializadoras, la familia, la escuela y la iglesia, que tenían como misión preparar al joven para su inserción en el mundo adulto. Durante este periodo el joven se encontraba en una etapa de tutela o padrinaje institucional que en la práctica operaba como una suspensión del ejercicio de sus derechos.

Actualmente la situación de moratoria social no sólo ha significado en la práctica la suspensión de sus derechos, sino que también se ha constituido en una categoría de exclusión que opera en la vida cotidiana, que es un parámetro de actuación de funcionarios, autoridades y de parientes. La exclusión generacional crea una situación de “limbo social”, por lo cual los jóvenes tienen derechos nominales pero no los pueden ejercer.

La moratoria social genera también la invisibilidad de las demandas y de las problemáticas juveniles. Sin un reconocimiento adecuado de sus problemáticas, sin canales de representación y de actoría social, los jóvenes se encuentran en la cola eterna de la política pública, quedando como única expectativa la de llegar a la adultez para poder acceder al Estado. Recientes estudios del Banco mundial abonan en la idea que los jóvenes altamente afectados y escasamente atendidos, en la medida en que sus problemas están invisibilizados, no tienen forma de canalizar sus demandas, no se desarrollan políticas protectivas o preventivas o, dicho en otras palabras, el estado no resuelve sus problemáticas. Si se analiza la cantidad y cobertura de los servicios de atención donde se brinda asesoría psicológica para los jóvenes, frente a la oferta proporcionada a las mujeres, a los niños e incluso a los adolescentes, encontramos una diferencia sustancial que opera en contra de los jóvenes.

La exclusión social de los jóvenes en Latinoamérica es una de las principales causas de la disvinculación del joven con el ethos social, que contribuye a su auto migración, no es gratuito que muchos grupos juveniles desarrollen comportamientos transgresores y anómicos que buscan expresar su situación de exclusión, aunque sin traducir sus condiciones en necesidades y éstas en demandas, y sin traducir sus demandas en representación política.

Fragmento de un artículo de Sandro Maccasi publicado en la serie "Jóvenes construyendo nuestro tiempo" CEP:2006.
Imagen extraída de: http://1.bp.blogspot.com/_1qB2vCmS3Lw/S9dJLJjHozI/AAAAAAAAAcY/YLyVMQTi1ZE/s1600/jovenes2.jpg

Las culturas juveniles en la globalización


A través de los años los jóvenes han pasado por diferentes cambios sociales, ya sea de carácter tecnológico, político o económico. Ahora presenciamos un fenómeno llamado globalización que abre el horizonte a un sinfín de transformaciones en las costumbres de los jóvenes.

Por lo tanto, “la confluencia entre los cambios civilizatorios y los cambios mundiales, societarios y tecnológicos ha conformado un nuevo horizonte cultural juvenil que viene marcando la impronta generacional actual y que explica muchas de sus prácticas, sensibilidades y subjetividades. “A nuestro juicio podemos identificar cuatro factores que creemos son claves para explicar el nuevo horizonte cultural. En un primer lugar tenemos la condición de exclusión que la moratoria social adquiere e nuestros países. Un segundo factor consiste en la confluencia entre el bono poblacional y la crisis económica que embarga estos países”. El tercer factor está referido al desgaste de las tradicionales instituciones socializadoras del siglo pasado que regían el paso del joven a la sociedad adulta, y por último el cuarto factor consiste en los cambios en la producción de conocimiento y comunicación social basados en la digitalización.” (Macassi, 2006:16).

Estos cambios culturales están determinando las formas de ser joven, en la medida en que su conocimiento y exploración nos acerca a los universos simbólicos de un sujeto social que cada día tiene más protagonismo y actoría social, a veces anónimos, conflictivo y a veces constructivo y ciudadano.