El período de preparación y estudio que los jóvenes experimentan para su inserción en el mundo adulto, era denominado por los sociólogos clásicos como periódo de “moratoria social”. Esta etapa, que no estaba presente en contextos culturales no industriales, se caracterizaba por poner al joven bajo la tutela de las principales instituciones socializadoras, la familia, la escuela y la iglesia, que tenían como misión preparar al joven para su inserción en el mundo adulto. Durante este periodo el joven se encontraba en una etapa de tutela o padrinaje institucional que en la práctica operaba como una suspensión del ejercicio de sus derechos.

Actualmente la situación de moratoria social no sólo ha significado en la práctica la suspensión de sus derechos, sino que también se ha constituido en una categoría de exclusión que opera en la vida cotidiana, que es un parámetro de actuación de funcionarios, autoridades y de parientes.
La exclusión generacional crea una situación de “limbo social”, por lo cual los jóvenes tienen derechos nominales pero no los pueden ejercer.
La moratoria social genera también la invisibilidad de las demandas y de las problemáticas juveniles. Sin un reconocimiento adecuado de sus problemáticas, sin canales de representación y de actoría social, los jóvenes se encuentran en la cola eterna de la política pública, quedando como única expectativa la de llegar a la adultez para poder acceder al Estado. Recientes estudios del Banco mundial abonan en la idea que los jóvenes altamente afectados y escasamente atendidos, en la medida en que sus problemas están invisibilizados, no tienen forma de canalizar sus demandas, no se desarrollan políticas protectivas o preventivas o, dicho en otras palabras, el estado no resuelve sus problemáticas. Si se analiza la cantidad y cobertura de los servicios de atención donde se brinda asesoría psicológica para los jóvenes, frente a la oferta proporcionada a las mujeres, a los niños e incluso a los adolescentes, encontramos una diferencia sustancial que opera en contra de los jóvenes.
La exclusión social de los jóvenes en Latinoamérica es una de las principales causas de la disvinculación del joven con el ethos social, que contribuye a su auto migración, no es gratuito que muchos grupos juveniles desarrollen comportamientos transgresores y anómicos que buscan expresar su situación de exclusión, aunque sin traducir sus condiciones en necesidades y éstas en demandas, y sin traducir sus demandas en representación política.
Fragmento de un artículo de Sandro Maccasi publicado en la serie "Jóvenes construyendo nuestro tiempo" CEP:2006.
Imagen extraída de:
http://1.bp.blogspot.com/_1qB2vCmS3Lw/S9dJLJjHozI/AAAAAAAAAcY/YLyVMQTi1ZE/s1600/jovenes2.jpg
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